He terminado de ver Stranger Things y sí, en general me ha gustado.

El verdadero final de Stranger Things

Probablemente influya que soy nacido en los 80, que crecí viendo cine fantástico, Los Goonies, las bicis, los walkie-talkies, y que además he pasado media vida tirando dados en Dungeons & Dragons. Esta serie siempre ha hablado directamente a esa parte del cerebro. Desde el primer capítulo.

Stranger Things es una carta de amor a los ochenta

Creo que Stranger Things nunca ha pretendido ser otra cosa distinta a lo que es. Una gigantesca carta de amor al imaginario ochentero, al cine de aventuras, al terror ligero, a los chavales enfrentándose a algo que les queda grande… y creciendo por el camino.

Sobre las críticas al final

He leído críticas sobre que es largo, que es complaciente, que es demasiado emocional o que juega demasiado la carta de la nostalgia. Y sinceramente: era exactamente lo que tenía que hacer.

Cerrar una serie así no va de sorprender; va de despedirse bien. Y esa última hora, donde la serie se permite parar, mirar atrás, reunir a los personajes y decir adiós con calma, es un disparo directo a la línea de flotación de la nostalgia.

Y funciona.

¿Es perfecto? No. ¿Lo necesitaba ser? Tampoco.

Es un final emocional, coherente y muy consciente de lo que representa la serie para quienes crecimos con ese imaginario. No intenta quedar por encima del espectador ni justificar su existencia. Simplemente se despide.

Y lo hace con cariño.

A mí, como espectador, como ochentero y como rolero, me ha parecido un cierre muy bien traído. De los que no buscan aplausos intelectuales, sino algo más simple y más difícil: cuando se apaga la pantalla, te quedas un rato en silencio. Y eso, para mí, es señal de que ha funcionado.